martes, 20 de mayo de 2008

Riesgo de País


Pésima educación en escuelas públicas y privadas, huelgas porque si y porque no también, muchos delincuentes, pocos policías honorables, muchos corruptos, al igual que los inútiles burocratas, gobernantes patanes, dinero derrochado, obras sobrevaluadas, mal planificadas, inútiles y faltas de estética, ambiente resquebrajado, playas tóxicas, ríos contaminados, valles secados, desiertos en crecimiento al igual que las minas, agua que no hay y que se la consumen estas minas, ninguna atención a la cultura, ninguna admiración hacia el arte, el derecho de autor, la propiedad intelectual y, lo peor del Perú: El racismo.
Demasiado optimismo, para este riesgo de país.



  

viernes, 16 de mayo de 2008

pompino italiano



Es inconcebible para una mente en desarrollo, como dicen a los que no tienen una mente que ya se ha desarrollado, el nivel de admiración de los italianos hacia sus estrellas porno. Es increible para esa mente, el despliegue publicitario y los honores con los que, por poner el mejor ejemplo, tratan actualmente a Brigitta Bulgaria en los programas televisivos, revistas e internet.

Nada nos extraña a quienes conocimos de Ilona Staller, la muy famosa Cicciolina, aquella hermosa rubia que ganaba tu voto si te enseñaba sus blanquísimos pechos. Y fue diputada, madre de la patria y actriz porno mientras declaraba que lo que más le gustaba en el mundo era el semen. 

El mayor refinamiento del cine sexual italiano lo posee Tinto Brass con sus cuentos erotizantes prologados de manifiestos  que incitan a tomar partido por la filosofía de la transgresión.

Las bases de esta transgresión se hallan en la sangre de los romanos, en su ácido desoxiribonucleico, diría Dalí. Y es Brass, este genio libidinoso, quien convierte estas transgresiones en el objeto artístico de sus películas, y sobre todo en una, hoy ya todo un clásico del cine: Calígula. 

¿Quién, después de ver la naranja mecánica, no se quedó con las ganas de ver mas del extravagante Alex (Malcolm McDowell), soñando ser el malo en cada uno de los pasatiempos bíblicos? Pues la intuición de Tinto fue acertada y su Calígula es el summum de las transgresiones y, por lo tanto, del carácter romano en su mas extravagante configuración.

Brass, nos demuestra que una forma de aprender sobre un pueblo es conociendo sus mas básicos instintos. 

Desde la forma mas ingenua y graciosa como las películas de Lando Buzzanca, hasta las mas hardcore de Brigitta Bulgaria, la sensualidad del pueblo italiano aporta a la cultura el estilo y la clase que toda Europa imita. 


 

miércoles, 14 de mayo de 2008

La Astilla es Borges



Viniendo de la Plaza de Mayo, camino a conocer el obelisco, me encuentro con el Teatro del Pueblo de Buenos Aires. Un poster con esta foto y una pareja de señores “grandes”- como llaman a los viejos los porteños- me dicen que está a punto de comenzar una obra "sobre la vida de Borges", y yo, borgesiano (por Jorge Luis) y borgiano (por Cesar), no me resisto. 

Lo que se viene: Una crítica feroz, que sólo una amante, herida, neurótica y que te conoce demasiado podría dirigirnos.

Puesta en escena por Marcelo Jaureguiberry, “Borges” es el testimonio de un monologuista anónimo- performado estupendamente por Pablo Moro- y con doble personalidad: una seria, intelectual y autoflagelante, y la otra una marica engreída y fanfarrona. Ambas conviven en un fanático de Borges y, por lo tanto, impulsivo lector de Schopenhauer.

Siento que asisto por vez primera a una autopsia (cosa que nunca sucedió en mis clases de medicina legal) y son las tripas de Borges y las nuestras las que salen de la boca del actor. Todo aquello que no podemos hacer ni decir los buenos amantes, de alguien a quien amamos, es con lo que trabaja el excelente guión de Rodrigo García: genio descarado y transgresor, es uno de los dramaturgos mas importantes de España, nacido en Argentina,  y cuyo taller lleva un nombre que dice mucho de sus obras :"La Carnicería", pues de verdad que lo son.   

Y es que amamos a Borges, pero cuando vemos a una viuda llorar en el cajón de su marido muerto, gramputeando al desgraciado por haberla dejado, pensamos: "ella sí que lo amó". Lo amó y lo odia como mi abuelita, ya con alzheimer, a mi abuelito muerto hace 16 años. 

Mientras que el carnicero monólogo de tripas se avalancha sobre nosotros, imaginamos al fan, mirando tras el vitral del café en el que encuentra a Octavio Paz y a Borges en plena tertulia, y sentencia: "Allí estaban... esos dos mantenidos por el estado".

El escenario se va ensuciando y en el momento mas serio, cuando por fin la personalidad tímida se viste de valentía y de todos los libros de Schopenhauer (incluido "el mundo como voluntad y representación" forrado en piel), el fan pregunta a su ídolo: 

-¿qué significa para Ud. Schopenhauer? 

El ciego visionario responde: "Schopenhauer es el ápice". 

En ese clima solemne, la personalidad marica arremete y reniega: "pero qué coño significa ápice, acaso voy a estar cargando un maldito diccionario".

Ápice quizás, porque lo consideraba la punta mas elevada del árbol intelectual, siempre germinando y elevándose, siempre vulnerable y solitario en su cima, porque no calló ante lo ilusorio y defendió la verdad sobre la conveniencia del Estado (de la misma forma actuó González Prada en el Perú), ápice que de no realizarse, puede convertirse en astilla y clavarse en el corazón de todos aquellos amantes de la música con la que nos canta sus sueños ese ciego genial. Astilla que nos duele cuando nos gritan en la cara: "¡¡¡Por qué calló, por qué ante tanto nombre!!!".

Mientras que Videla y otros funestos-odiosos-carniceros nombres de la dictadura argentina, son gritados con un dolor aderezado en pasta de tomate y manzanas reventadas.

La astilla es Borges