Ese 26 de abril infernal mi amigo imaginario empezó a morir. No volví a saber nada de él hasta hoy, que después de 20 años, un reportaje sobre esa tragedia me lo trae a la memoria ¿qué habría sido de él?
No tuve que imaginar mucho para saber que murió de leucemia a los pocos meses de haber recibido mi carta imaginaria y que su pueblo natal es hoy fantasmagórico. Su hermano, que nació a pocos días de la explosión, está por cumplir 20 años y aparenta ser un niño de 6, esto en el físico, pues en lo intelectual no llegó a conocer lenguaje. Sin embargo está vivo y totalmente sólo en el infierno. Un infierno causado por la loca carrera tras la energía nuclear.
En plena guerra fría, el sistema soviético empezaba a resquebrajarse y pronto caería. Desesperadamente tenían que desarrollar el potencial nuclear que les permitiera continuar en la contienda. Pero el desastre ocurrió y la alarma fue mundial. Una nube radioactiva amenazaba Europa, y ahí estaba Gorbachov para decir que todo estaba controlado y que la planta volvería a ponerse en funcionamiento. No importaban los muertos ni que la radiación desaparecería del lugar sólo dentro de 500 años.
Mi carta, por supuesto, sólo ganó en mi salón. Sin embargo recuerdo esa pesadilla que eran las tensiones nucleares. En esas pesadillas siempre enviaba cartas a Mr. Reagan, de parte de los niños de sudamérica, pidiéndole que no mande misiles nucleares a nadie y que, su guerra de las galaxias, no parta al mundo en dos.
Américo Vera, 26 de abril
[1] Chernobyl significa Ajenjo en castellano.
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